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Norma de conducción y pausa para el autotransporte federal

Publicado el 06 de Julio del 2017 por SERVI PORT

En ella se determinan las pausas obligatorias que dichos conductores deben observar durante la conducción continua por cada 5 horas, la necesidad de un segundo conductor en el caso de autotransporte de pasajeros cuando el tiempo de viaje entre dos puntos exceda las 9 horas, y una pausa de 8 horas obligada, cuando el viaje de autotransporte de carga tenga una jornada máxima de 14 horas.

Los fundamentos de dicha NOM, entre otros, se basan en que existe una relación directa entre el tiempo de conducción y el riesgo de presentar signos de fatigas física, mental o ambas y ocasionar su más trágica manifestación: lesiones o muerte a consecuencia de un accidente de tránsito.

Esta disposición no es nueva, ya que en el Decreto que reforma y adiciona el Reglamento de Tránsito en Carreteras Federales, publicado en el DOF el 29 de marzo del año 2000, se establecía que los trabajadores del volante del autotransporte federal, debían apegarse a las jornadas laborales máximas aplicables de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo vigente en aquel entonces.

En el decreto aludido, también se mencionaba: “La bitácora de horas de servicio del conductor es el registro diario que contiene los datos necesarios para conocer el tiempo efectivo de conducción y determinar el de descanso. Los permisionarios deberán dotar a sus conductores de dicha bitácora.”

Resulta evidente que dicha disposición no fue observada durante 17 años por todos los actores involucrados y que la autoridad no tuvo la capacidad para supervisar su cumplimiento y menos para sancionarlo, por lo que ahora, ante el incremento de accidentes en carreteras, donde la participación de vehículos de autotransporte federal es más frecuente o al menos más aparatosa por los daños y afectaciones a la vida humana que provocan, se torna indispensable actualizarla.

Si bien los esfuerzos de la autoridad y de las distintas dependencias, organismos, instituciones y asociaciones en torno a los temas de salud pública y de transporte por carretera son plausibles, es de esperarse que este nuevo intento por controlar el tema de la conducción prolongada, especialmente en el servicio de carga, pronto quede en el olvido mientras no sean los propios conductores quienes estén convencidos de sus beneficios y exijan su cumplimiento.

En ese sentido, quiero referirme al sobrenombre que en el entorno de los Centros de Capacitación de Conductores del Autotransporte Federal se les da a los trabajadores del volante que acuden a ellos para capacitarse y actualizarse, referido por los propios educandos: los “cuellos duros” y los “mugrosos”. El primer mote describe a los conductores del servicio de pasaje, los cuales acuden a trabajar vestidos de manera formal y con corbata. Por lo regular reciben un sueldo fijo base mensual y las prestaciones de Ley, y es la empresa la responsable de programar las rutas, las horas de conducción y en su caso, asignar el doble conductor. Al término de su jornada, disfrutan de descansos hasta el próximo viaje y con suerte los asignan siempre a una misma ruta, lo que les permite convivir con su familia.

Si en el trayecto la unidad sufre alguna avería, descompostura o desperfecto, lo reportan a su base y la empresa envía una nueva unidad para trasbordar al pasaje y continuar el viaje, sin que ellos en la mayoría de los casos, metan las manos.

En contraste, los “mugrosos” -conductores del autotransporte de carga-, son unos verdaderos empresarios, responsables entre otras actividades, de las relaciones públicas dentro de su propia empresa para lograr los mejores viajes y tiempos de entrega; con las áreas de tráfico de los clientes para que los carguen y documenten pronto y con los destinatarios para que no los hagan esperar durante la descarga.

Durante su recorrido deben sortear -además del intenso tránsito urbano y sus restricciones-, a los distintos agentes policiacos y de tránsito, municipales, estatales y federales, quienes estarán pendientes de sacarles el “mejor provecho” ante cualquier violación normativa, ya sea real o ficticia. Ni que decir de la “delincuencia organizada”, siempre al acecho para asaltarlos.

Son responsables de contar los bultos, pesar los embarques de graneles y revisar las mercancías que les son cargadas y entregarlas en la misma forma y cantidad en el destino, con los documentos completos. Su sueldo por lo regular es variable y está sujeto a los kilómetros recorridos, a los viajes realizados o a un porcentaje de comisión sobre el monto del flete que el permisionario le cobre al cliente. Si acaso, disfrutarán de las prestaciones del IMSS, aunque con la cuota mínima para su pensión jubilatoria.

Por norma general, siempre conducen la misma unidad tractiva y el mismo semirremolque, salvo excepciones, a fin de que se hagan responsables de su buen estado y productividad, lo que conlleva a que ellos mismos reparen cualquier desperfecto en carretera y que en los casos donde la unidad entre a mantenimiento, reparación o bien quede detenida por alguna autoridad, no perciban sueldo alguno durante el periodo correspondiente.

Desde la liberalización del autotransporte de carga ocurrida en 1989, entre otros temas, se eliminaron las rutas fijas y la regulación tarifaria, lo que provoca que los conductores del servicio de carga desde entonces, trabajen servicios en toda la república y tengan un menor contacto con su familia, donde quiera que ésta resida. Además, cuando ganan por comisión del flete, deben aceptar la tarifa negociada por su patrón con el cliente, sin contar con un parámetro comparativo.

Dentro del contexto referido -al cual se adicionará ahora la obligatoriedad del uso de la bitácora de conducción y pausa-, es de esperarse que los descansos a que tienen derecho los conductores de carga, solo se registren en bitácora pero no se disfruten.

Para lograr una verdadera conciencia y apego a la norma, habrá que profesionalizar la actividad, modificar, entre otras cosas, el sistema de pago, los salarios de garantía cuando la unidad no esté operativa y sobre todo, dotar de la infraestructura adecuada de paraderos y servicios en carreteras, para que los conductores de carga dispongan de sitios seguros y confortables para efectuar las pausas y disfrutar sus descansos.

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