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Asia y África, reto para empresas mexicanas

Publicado el 14 de Mayo del 2013 por SERVI PORT

Asia y África serán los dos continentes de mayor crecimiento en el mundo en los próximos 20 años. Sin embargo las empresas de capital mexicano tienen escasa presencia en ambos continentes como exportadoras o inversionistas. ¿No habrá llegado la hora de aprovechar las oportunidades existentes y comenzar a revertir el creciente déficit de cuenta corriente en ambos casos? Las empresas trasnacionales no lo van a hacer por nosotros. Ellas tienen sus propios intereses y redes de operación en ambos continentes.

El siglo actual se caracteriza por lo que algunos economistas han denominado el fin de la era del sistema "hub and spokes" de la economía mundial, en que el eje central estuvo constituido por los países ricos de la OCDE y los radios o la periferia por los países emergentes y en desarrollo. A menos que ocurriera un evento inesperado, el eje de gravedad de la economía mundial y del crecimiento se desplazará en los próximos 20 años al continente asiático.

Con excepción de Alemania y países nórdicos, Europa se ha estancado, América del Norte crece lentamente, y Centro y Sudamérica crecen en promedio a una tasa moderada (con contadas excepciones). África está creciendo al 6 por ciento anual, gracias, entre otros factores, a la creciente demanda y altos precios de sus materias primas y a las inversiones asiáticas. Para acentuar la problemática económica europea, el crecimiento de su población se ha frenado y existen ya fuertes salidas de españoles, portugueses, griegos e italianos hacia el resto del mundo.

Un dividendo demográfico, aunado a una emergente y próspera clase media convierten en particular a Asia en un mercado atractivo para las exportaciones y la inversión. En 2011 Asia registró una población de cuatro mil 200 millones de personas, de las cuales 42.6 por ciento vivían en ciudades. Para 2030 se estima que China, la India, Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam duplicarán el tamaño de su clase media. Consecuentemente sus mercados de consumo de alimentos, ropa y calzado, bienes de consumo duradero, automóviles, medicamentos, artículos suntuarios, turismo exterior, servicios financieros y seguros serán los mayores del mundo.

Asia se está convirtiendo también en un polo de conocimientos, ideas e innovación. La población educada y capacitada de China y Taiwán, India, Corea del Sur y Japón garantizarán que un flujo creciente de innovaciones sostenidas se origine en Asia y que el continente en su conjunto, con disponibilidades enormes de mano de obra, cada vez más calificada, se consolide como el taller industrial del mundo,y como eje clave del desarrollo tecnológico global.

Como si fuera poco, China será la primera economía mundial, seguramente con gran influencia en las políticas y mercados globales de bienes, servicios y divisas.

África no se ve ya con los lentes pesimistas de los ochenta y los noventa. Además de una población de mil millones -mil 500 en 2050-- se estima que su tasa de crecimiento económico, superior al 6 por ciento anual en promedio en este milenio, continuará en la próxima década, alcanzando tasas superiores al 10 por ciento en algunos países. Si bien entre los 54 países africanos hay muchos en problemas y de bajo nivel de desarrollo, está claro que en una veintena de ellos, regímenes políticos más estables y democráticos y políticas macroeconómicas y sectoriales promotoras del crecimiento y el empleo, han creado un marco propicio para la inversión nacional y extranjera.



A ello hay que agregar reservas crecientes de gas, petróleo y otros recursos naturales; una demanda de materias primas y flujos sostenidos de inversión en infraestructura y empresas de China, India y, en menor medida, de Brasil, Rusia, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia. La misma Sudáfrica, con sus grandes empresas mineras y energéticas, agropecuarias, industriales, comerciales y de servicios (bancos, seguros, telecomunicaciones y operadoras turísticas) está invirtiendo sostenidamente en África -e incluso en Asia.

Por estas razones, a México debería interesarle multiplicar sus exportaciones a Asia y África, recibir más inversiones y turismo, pero también promover inversión externa estratégica de las grandes y medianas empresas de capital mexicano, cada vez menos tras las extranjerización de la banca, las cerveceras y otras más.

Para ello se requiere una nueva política de fomento productivo, innovación, exportación e internacionalización de empresas mexicanas. El fomento a la IED hacia México es importante, pero la experiencia aconseja consolidar empresas nacionales para los competidos mercados en Asia y África, y explorar asociaciones y cadenas de valor con empresas de esos países.

Nuestra tarea es construir un aparato de fomento y una banca de desarrollo y comercial para esos propósitos. Urge también fortalecer nuestra red de embajadas, consulados, personal y cooperación, insuficiente en Asia y sobre todo en África, donde sólo tenemos siete embajadas.




Fuente: El financiero

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